la casita de pablok

dado que el mundo se resiste a ser mirado de frente, estoy intentando rodearlo con la palabra. pero no la palabra que cree ver (ya te dije que esquiva la mirada) sino la palabra que besa. no por el gusto de besar, que sería motivo suficiente, sino porque he terminado sospechando que el besopalabra vuela más profundo.

y si estoy equivocado igual te beso.

de jovencito, me gustaba escribir ciencia ficción. no me sale. pasados los cuarenta y después de recibir el proverbial mazazo, decidí dedicarme a escribir nuevamente. sigo intentándolo. cuando publiqué esta paginita me propuse conseguir diecisiete lectores. lo logré.

aquí te mostraré algunos resultados de mi pluma, con la esperanza de que obtengas un ratito de alegría, una lucecita, el chispazo de un camino que sale sesgado del cuadriculado de las calles de nuestras vidas. también que te emociones y (bueno bueno, bajando las expectativas) te conmuevas. y ya que está que recuperes la esperanza en el quererse y en el nosotros. si es por pedir...

si querés decirme algo; o si sos alguien que no está en mi lista de correo, llegás aquí por casualidad y querés que te avise cuando se produzca alguna modificación, escribí a pablokan@gmail.com


que estés bien.

Tengo una tristeza que me mastica los huesos.
Un agujero de vos.
Una lluvia ajada de fotos de sábados.
Un no tener tengo.
Un no estar.


Tengo las retinas tapadas de cuerpos.
Un agujero de gente.
Una canción muda.
Un no querer querer.
Un desierto.


Tengo las manos lejos.
Un agujero.
La cara de otro.
Un no reir.
Una lejanía.

hay un perrito en el contenedor de la basura
y estuve tentado de usarlo
como metáfora del hombre en el mundo
pero no

hay un bebé a orillas del río cuarto
bien debajo del puente negro
rodeado de bolsitas de supermercado
no

hay brazos de niños
en casas derruidas de Beirut
ves que no?
pienso

mientras la metáfora estalla
en las paredes del inodoro

me siento a leer en un banco de la plaza
y por el borde de Joaquín espío a los viejitos
que administran sabiamente sus últimas luces


las señoras pasan con bolsitas de boutique
que las sostienen tranquilizadoras
y las apartan del abismo


el trencito retorna por quinta vez
y me muestra los nenes risueños
que empuñan por un rato
al camino y a sus padres

 

mientras sobrevuelo la zona
me río del tipo que se hunde
en las arenas movedizas del banquito donde lee

Caminando así, como distraída,
me hacés doler hasta la remera.
Mejor quedate quieta, pero eso si,
ni se te ocurra soltarte el pelo,
que las zapatillas 43 se hacen 39
y el aire me quema la garganta
como vodka de cuatro pesos.

Ahora que me dormí, andate.
Y mientras te vas
sacudime de tus manos
soplame de tus ojos
gritá los abrazos (gritalos lejos)
llorame también (haceme marea baja)

Después
casate muchas veces,
tené tres hijos y poneles nombres que no empiecen con P,
volvete egoísta y menos rubia.

Cuando terminés, si tenés ganas,
llamame y devolveme el alma.